¡ARRUGÓ!



En el idioma castellano, la palabra arrugar hace referencia a una superficie que tiene arrugas. Por ejemplo la piel es tersa cuando se es joven y se arruga con los años.

En el lunfardo es muy usada la palabra ARRUGÓ y sus derivados: arrugar, arrugaste, etc.
Este vocablo hace referencia cuando una persona se acobarda ante una situación de amenaza o peligro.

Por ejemplo, en el Buenos Aires antiguo cuando dos hombres se pelaban por algún asunto y uno de los dos se acobardaba, evidenciando su temor, este “arrugaba” ante la situación.

Sin embargo, el origen de esta palabra lunfarda tiene que ver con la danza del tango

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Es conocido que los malevos practicaban entre ellos la danza del tango y una prenda típica de su vestir, que se lo reconocía como tales era el LENGUE. 
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El lengue es un pañuelo muy largo que protegía el cuello y el pecho y era contenido por un saco entallado con los botones prendidos hasta el pecho. Además de cuidar el cuello y el pecho del frío, daba una apariencia de mucha presencia.
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Cuando los malevos practicaban el tango entre ellos, una forma de calibrar la postura erguida al bailar, era que el lengue no se arrugara.
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Si el lengue se arrugaba bailando quiere decir que la persona se había encogido de hombros o perdido la postura erguida.

Cuando ello ocurría uno de los observantes decía: ¡ARRUGÓ! Indicando así que debía recuperar la postura.

La postura erguida de los malevos, acompañada por el lengue y el saco entallado, generabas una presencia arrogante y prepotente. Recordemos que los malevos trabajaban generalmente como matones o guardaespaldas y la importancia del lenguaje corporal lo conocían muy bien aunque de una manera intuitiva.

Por ello cuando ocurría una pelea y uno de los que peleaban se acobardaba, su postura corporal perdía la actitud erguida y el lengue se le arrugaba, de ahí, se proyecto el termino ¡ARRUGÓ! Para definir su temor de seguir en la pelea.

En síntesis, que el lengue se arruga cuando se pierde la postura.

Para lo cual, de una manera sutil, para bailar el tango no se debe “arrugar”.

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Autor: Guillermo Brizuela
Mi Escuela de Tango

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