18.1.18

ENTRE GALERITAS Y MELENAS.


“Amainaron guapos junto a tus ochavas 
cuando un elegante los calzó de cross”

Así reza el tango Corrientes y Esmeralda (Tango 1933. Música: Francisco Pracánico y Letra: Celedonio Flores).

Este tango que mitifica una esquina porteña, posee mucho elementos simbólicos del Buenos Aires de ayer y del tango.

Jorge Newbery fue un niño bien de la época pero a diferencia de muchos niños bien fue multifacético; aviador, deportista, funcionario público, ingeniero y hombre de ciencia argentino, que destacó notablemente en todas esas actividades.








Quizás su gran pasión era volar en avión, de hecho murió intentando una hazaña: cruzar la cordillera de Los Andes con su avioneta. Una proeza estoica para la época.
Se destacó como deportista amateur. Trajo de Europa a Argentina el boxeo, la esgrima, el globo aerostático y fue el creador de la Fuerza Aeronáutica Argentina, llamada posteriormente Fuerza Aérea Argentina.



Además de todo esto le gustaba bailar tangos y era concurrente como muchos niños bien de la época de los piringundines, que eran las milongas de rompe y raja, es decir, donde concurrían muchachos y chicas de vida non sancta. Muchas veces se amenizaba la velada con algún duelo criollo, alguna batalla campal de trompadas o un finado.

En estas milongas, y en ese tiempo, bailar tango significaba estar dispuesto a bancársela y demostrar la hombría ante el pique de los concurrentes. Especialmente si no eras del lugar, es decir si venías de otros pagos.
Solo te respetaban si bailabas bien el tango o si te la bancabas ante la provocación de algún compadrito habitué.




Los motivos de provocación solían ser, lo contrario de lo anterior, si no bailabas bien o eras de otro pago. Ser un niño bien era un extra para divertirse y humillarlos.

Jorge Newbery orgulloso de su condición social y respetuoso de todos los ambientes y personas concurría a las milongas con su distinguida vestimenta de época: sombrero rancho, traje de corte ingles de 4 botones, camisa de seda con gemelos y cuello duro  y polainas.

Cuenta la historia que en el piringundín de Corrientes y Esmeralda Jorge N. fue a bailar acompañado de unos amigos y amigas y fue provocado por su condición de niño bien o jailefe (del de la expresión en inglés High Life, alguien que lleva buena vida) termino lunfardo con que definian a la gente de posición social alta.

Este, lejos de amedrentase, desafío al provocador a dar la cara y este lo amenazó con su cuchillo y Jorge N. que no usaba armas pero era un buen boxeador (deporte que no era conocido en la época y que décadas después  fue popular entre la muchachada proletaria) de dió un golpe de puño llamado en boxeo: Cross, que es un  golpe rápido y potente de costado directo a la mandíbula y que bien golpeado puede dormir (noquear) o sacar la mandíbula de lugar.



Con el cross se terminó la contienda y Jorge N. fue respetado como un taura (hombre o mujer que se la banca) y de ahí la leyenda “el elegante que lo calzó de cross”.



 Película LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN GOMINA.

En la película LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN GOMINA se cuenta la anécdota del cross de Newbery: 



Estamos hablando del 1.900 donde el tango reinaba en los arrabales, los ricos lo defenestraban pero sus jóvenes se iban a la milonga a divertirse.

La milonga, como dijimos muchas veces, es la expresión social del tango como cultura identitaria del pueblo porteño y argentino.

Esta cultura lleva los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad, es decir que en la milonga nadie es más que nadie, no existen jerarquías ni títulos, solo se respeta al buen arte del baile y la buena conducta de sus habitués. Seguramente será uno de los lugares más democráticos de expresión social.

En las milongas te podías (y podés) encontrar con toda la fauna social, el rico y el pobre, el patrón y el peón, la prostituta y el juez, pero nadie lo sabe, ni tampoco importa. Concurrir a una milonga es como una especie de encuentro ritual o misa de esta cultura llamada tango.

Como dice el tango Danza maligna 
(Tango, Música: Fernando Randle y Letra: Claudio Frollo).


“Escuchemos latir los corazones  
bajo el numen de Venus Afrodita.

Placer de dioses, baile perverso,
el tango es rito y es religión;
orquestas criollas son sus altares
y el sacerdote, su bandoneón".


El respeto siempre fue el hilo que enhebró las distintas conductas y sobre la base de este se desarrolló esta maravillosa danza nuestra.

Respetar la mesa de alguien, no copiar los pasos, respetar a la mujer, respetar a los mayores, proteger a los más jóvenes, no bailar el primer tango de una orquesta en vivo, junto con los códigos de circulación y un largo etc. fueron la base y el sustento del tango, donde las milongas fueron su generador principal.

Y si, muchas veces el respeto se ganaba a golpes o a cuchillo en un duelo criollo, ya que esa época, Buenos Aires dejaba de ser una aldea colonial y se transformaba en una urbe moderna de la calidad de París o Londres y esta transformación se hizo a un ritmo prepotente y acelerado y un estilo estilo de vida duro donde lo que “no te mata te hace fuerte”.

"Los niños de galerita
Gallardos y elegantones,
Los taitas, fieras melenas
Violentos y compadrones.
Pero en los tangos milongas
Como en la bravas peleas,
Se entreveraban valientes
De igual a igual...

Si algún puñal relucía
Buscando donde anidarse,
La juventud se lucía
A puño limpio y coraje.
Eran bailongos bravíos
Donde el varón se templaba,
¡Qué lindos tiempos!
No volverán."

Así resume la letra de la milonga A Puño Limpio (Letra y música : Horacio Antonio “Pintín”  Castellanos Alves), una época de nuestra tango y de nuestra historia donde la palabra y el respeto eran el hilo conductor de la convivencia sin ninguna distinción social que se defendía, si era necesario, poniendo el cuerpo.


GUILLERMO BRIZUELA

Instructor de Tango y bailarin.
www.miescueladetango.com.ar